Especialistas en delitos criminales

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Si hay algo que me asombra es la capacidad que tienen algunos para meterse en jardines. Claro que lo normal es que cualquiera opine de casi todo en un mundo en el que el portero ya hace mucho que pasó a conserje, el vendedor a gerente comercial y el licenciado raso a abogado o jurista.

Lo realmente agudo son las ocurrencias del personal, público y prensa en general, en esto que algunos han venido en llamar el derecho penal sin complejos. Sí, esas curiosas perlas que la peña va dejando caer ahí, como quien no quiere la cosa y que, por arte del realismo mágico de las redes y de la prensa poco o nada reflexiva, hacen que se vayan convirtiendo en verdades jurídicas auténticas burradas que carecen del menor sentido, no solo legal sino común.

Desde luego que a mí me podría ocurrir lo mismo si me pongo a pontificar sobre física cuántica o tuviera la desfachatez de discutir con un científico sobre los efectos del calentamiento global. Pero ocurre que al igual que otros, la vergüenza torera y la autoconsciencia de mis limitaciones cognitivas sobre temas en los que normalmente me manejo y forman parte de mi quehacer diario, me hacen pensármela dos veces antes de tirarme a la piscina.

Que conste que con esto no pretendo la censura. Libre allá cada cual de opinar lo que quiera, si bien para hacerlo más les valdría asesorarse y formarse un poco. La alternativa a esto es servirse de la ironía, ya que ésta pocas veces viene mal. Si a uno le apetece criticar decisiones judiciales y no le vienen argumentos jurídicos muy de peso, dándole al humor al menos así nos hace pasar un buen rato.  Aunque para usar la ironía también hace falta un mínimo de conocimiento. Porque si en el afán por titular se afirma, como así ocurre, que otro ha sido absuelto por el delito penal pero condenado por el delito civil, lo único que se estará dejando en evidencia es una supina ignorancia.

Publicar sin leer 

Para otros es difícil comprender lo lógico. Y lo razonable antes de criticar una resolución judicial es leérsela primero. En ocasiones incluso iría más allá, porque si hasta a los que comemos de esto nos resulta a veces complicado asimilar mentalmente los razonamientos de algunas resoluciones, si uno se limita a leer la parte dispositiva o el fallo y soltar lo primero que se le ocurre, lo más probable es que acabe metiendo la gamba. Y es que aunque a muchos les cueste creerlo, la inmensa mayoría de las resoluciones judiciales no solo es que estén correctamente motivadas, sino que además resuelven con acierto el conflicto que les toca.

No obstante, las redes y los medios están repletos de opiniones de aquellos que son incapaces de diferenciar un auto de una sentencia, que no han leído una resolución judicial en su vida y que lo más cerca que han estado de un juzgado es ante la pantalla del televisor viendo alguna serie o película americana. De la mayoría de las españolas ya es que ni hablo, porque cuando intentan recrear un juicio penal me parece lamentable lo evidente. Y es que salta a la vista que no han contado con el asesoramiento de un jurista.

La prisión preventiva o más bien su antagonista, la libertad provisional, suele ser últimamente el asunto más recurrente. Cierto que algunas son prácticamente inasumibles.

Los gurus de la política, las redes y los medios, van directamente a la yugular de cualquiera que no entre en el razonamiento de su postura ideológica, es decir, las circunstancias son para aquellos irrelevantes. Lo importante es a quién se tenga que atacar o defender según el personaje de la trama. Esgrimen sin conocer su alcance la presunción de inocencia cuando les conviene. Y si el sujeto les cae gordo o no responde a sus patrones, tras calificarlo de presunto, le dan el trato propio de un declarado ya culpable.

Derecho penal de risa  

Hay que reconocer que además de la ignorancia, todo este clima de crítica acéfala a las resoluciones judiciales viene favorecido por decisiones del legislador que colocan a la administración de justicia en una situación bastante deplorable. Porque si al principal problema que sufrimos, la falta de medios, unimos las perlas legislativas de las dos últimas legislaturas, en las que aparte de cargarse de un plumazo a 1500 jueces sustitutos en un país donde la ratio de juez por habitante es ridícula; la reducción del tiempo las instrucciones penales sin dotar de más medios sino todo lo contrario; la incapacidad del poder político de articular un sistema que garantice la independencia del Consejo de Gobierno del Poder Judicial y con ello la de sus más altos órganos jurisdiccionales y, ahora la próxima, que va a ser el paso de la dirección de la fase de investigación criminal a manos de los fiscales, sin tampoco añadir medios ni reformar el estatuto de la fiscalía, ello nos dibuja un panorama desolador.

En cualquier caso, siempre han existido y va a seguir habiendo “enteraos” que nos ilustrarán sobre homicidios imprudentes en grado de tentativa, violaciones sin penetración, premeditaciones tomadas sobre la marcha, delitos civiles y otras múltiples construcciones doctrinales de las que casi ningún penalista acaba todavía de enterarse.

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Acerca de Pepe Núñez

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