La pregunta del millón

abogado¿Cómo puedes defender a alguien que es culpable?

No conozco a ningún abogado penalista al que no se la hayan hecho. A mí personalmente, decenas de veces.

Ocurre que me puedo ir por las ramas alegando que no sé si mi cliente es culpable.

Pero me interesa que quede claro el por qué los que nos dedicamos a esto, no solo es que durmamos como cualquier otra persona todas las noches sino que estamos convencidos de que el trabajo que hacemos es importante para el conjunto de la sociedad, aunque esto pueda sonar pretencioso y hasta cursi.

Podría convencerle de que son los jueces los que, analizando el conjunto de las pruebas practicadas en el juicio oral, deben intentar llegar a la verdad o al menos procurar hacer justicia. Recurso fácil.

O le hablaría de los principios que informan el derecho penal construido sobre la base de la presunción de inocencia, uno de los pilares jurídicos fundamentales de cualquier civilización avanzada.

Pero es mucho más sencillo que todo esto aunque lo anterior sea importante.

Cuestión de estadística

El 99 % de las ocasiones en las que asumo una defensa penal, el cliente me cuenta que es inocente. O para ser más exactos, me dice que no lo ha hecho. Sí, lo que se le imputa. Pero es que tampoco se lo pregunto.

Los más susceptibles podrán estar pensando que claro, “excusatio non petita accusatio manifiesta”. Pero se equivocan. Se trata de una especie de rito. Sí. De  una necesidad vital que le asalta al cliente para intentar autojustificarse. Es como si de alguna manera tuviera que empezar la relación con su abogado intentando hacerse merecedor de nuestro empeño por procurarle lo mejor. Si alguien va al abogado y empieza por decirle que es culpable, puede pensar que va a tener una defensa más laxa.

Añadiría que el cliente lo que busca en ocasiones es salir lo menos perjudicado posible dentro de la situación en la que se encuentra. Y es que en no pocos casos nuestra defensa consiste en eso, en articular pruebas y estrategias para que la futura condena sea lo más leve posible.

¿Cómo es que no le pregunto al cliente si es culpable o inocente?

Pues aparte de la razón estadística aludida porque sencillamente no me hace falta. En primer lugar, en el expediente judicial habrá elementos suficientes para ver si pudo o no cometer el delito. Pero es que nuestro trabajo consiste no en ver esos elementos sino en analizarlos y en introducir otros que puedan beneficiar a la defensa. Porque el trabajo del fiscal en el proceso penal que es acusar lo hace él y no me va a ayudar en el mío que es defender, salvo que los dos estemos en el mismo lado como acusación. Pero el imputado siempre tendrá un defensor. Y esto es vital.

Es decir, se trata de un juego de fuerzas encaminado a que el juez imparcial pueda ver las pruebas que se le exhiben y con ello llegar a una conclusión lógica. Y tan importante resulta ese juego de fuerzas que si una de las partes se relaja, en este caso, el defensor, ocurrirá que al cliente le pueden parar unos perjuicios que no merece, aunque sea culpable.

Al cliente no le pido expresamente que no me mienta, sino que me de la información que preciso y, sobre todo, que no me oculte la que resulta vital para su defensa.

¿Y cuándo resulta que a alguien lo absuelven por defecto de forma?

El ejemplo más claro, cuando el tribunal decreta la nulidad de unas escuchas telefónicas. Ver aquí

El derecho penal, como máxima expresión de castigo que asume el estado contra el delito en el mundo civilizado, se dota de unas garantías. Sin esas garantías, el derecho de represión del estado decae. Y ello no es sino en defensa de todos. Sí, de todos.

Porque los que estamos inmersos en esta apasionante labor, sabemos que a cualquiera que salga de un restaurante con su pareja o amigos después de una estupenda cena, le gustará comprobar que para ser condenado por un delito contra la seguridad vial le habrán de haber hecho una prueba de alcoholemia con un aparato en regla y declarar ante el juez en presencia de su abogado en un juicio justo para obtener una sentencia razonada. Y todos, celosos de nuestra intimidad, pondríamos el grito en el cielo si nos pinchan nuestros teléfonos o intervienen nuestros ordenadores de forma inopinada. Y las garantías existen para todos. Precisamente para evitar el perjuicio de cualquiera.

Si después de leer esto todavía es de los que piensan que para qué tanto boato y la imagen del abogado se le asemeja bastante a la de la ilustración de arriba, he de confesar que de poco habrá servido mi empeño.

Pero sepa que hay algunos imputados que se encuentran con situaciones imprevisibles y resultan imputados por una serie de circunstancias que si no existieran las garantías de las que hablo, no podrían obtener una sentencia justa. Aun así, hay veces que se producen errores que llevan a condenas de personas inocentes. Solo vaya al buscador de internet y teclee. Igual ha ocurrido en su ciudad. Imagínese cuantos serían sin una defensa en condiciones.

¿Tan seguro está de que usted o los suyos no podrían verse en una de estas?

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Acerca de Pepe Núñez

Abogado http://www.nvabogados.com/
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2 respuestas a La pregunta del millón

  1. Creo que no hay compañero, por lo menos entre los penalistas, que no coincida con estas reflexiones. La verdad es que es un tema de lo más recurrente. Acostumbro a decir, cada vez que se me plantea la cuestión, que nuestra función es tan sólo la de asegurar un juicio justo para nuestros clientes. No en vano también nos encontramos con clientes que nos confiesan haber cometido el delito que sea, y no por ello no merecen un juicio justo. Esa es la parte que más cuesta de entender, pero no por ello vamos a dejar de repetirlo ¿verdad?.

    Un saludo Pepe.

    • Pepe Núñez dijo:

      Asumo que no es fácil comprender para todos cómo podemos defender ciertos delitos que nosotros mismos rechazamos. La razón para nosotros está en nuestra profesionalidad y en que estamos especialmente preparados para ello. Para los demás, la clave la podría dar la empatía. Claro que es difícil ponerse en determinadas situaciones. Pero éstas se dan si acaso una vez en la vida.

      Personalmente, como abogado de oficio, tuve que llevar en una ocasión un tema de lo más escabroso. Hubiera sido muy fácil renunciar. Pero cuando estás en el turno de oficio hay que estar a las duras y a las maduras. Al menos esa es mi postura.

      Gracias Alex

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